Un camino, dos caminantes.
pisando la laguna donde se baña la luna.
Un par de horas y el camino eterno.
Reflejados sus ojos alumbran un paradero,
un arbol cubriendo cada instante, haciendolo duradero.
Un camino, cuatro pies.
Dos saltando y dos caminando al revés.
La noche acariciaba los tonos del alba,
mientras sus manos tiritaban con inmensa calma.
El frio congelaba sus pulmones,
el hielo de a poco, sus corazones.
En los ojos de un caminante se acomodaba una luz verde,
y el otro indiferente, ya de nada se sorprende.
En la mitad de su viaje esperaban caminando
que el tiempo los llevara volando.
Casi cerca del destino con sus manos aun juntas.
Congelados llegaron al final
sus corazones helados igual.
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